Caring is Creepy

Qué difícil es aceptar que, sin importar lo mucho que quisiera que no fuera así, a veces es mejor perder el contacto con ciertas personas. Eso suena demasiado críptico, así que voy a ser un poquito más específica, aunque sienta la necesidad de eliminar esta entrada en un par de horas o días.

(‘Caring is Creepy’ de The Shins acaba de empezar a sonar en mi Spotify. Oh, la ironía).

De vez en cuando quisiera poder volver a hablar con mi ex que no es mi ex. Su presencia en mi vida significaba que tenía a alguien que me retaba intelectualmente a menudo, a pesar que esto lograba frustrarme en ocasiones porque no lograba sobrepasarlo. Creo que no he tenido otra etapa en mis veintiún años donde pasaba viendo leyendo artículos interesantes que iban más allá de algún escándalo en Twitter (Fyre Festival, whaddup) o viendo vídeos que me hacían cuestionar mis creencias. Un par de días antes de que M. me dijera que nuestro arreglo ya no funcionaba para él, recuerdo que hablamos sobre el feminismo y mi odio justificado en contra de Margaret Thatcher a eso de la una de la mañana. Y no solo eso, sino que también hablábamos sobre Camus / existencialistas, sobre psicología (porque él estudia eso), política (en especial los debates norteamericanos de aquellos tiempos), sobre música, sobre astronomía, sobre temas que realmente no he vuelto a tocar desde entonces.

Obviamente, sé que estoy idealizando el asunto hasta cierto punto. Lo que me tuve con ese individuo no fue todo flores, azúcar y muchos colores. Lloré por su indiferencia más veces de las que debería y era un desastre porque me apegué emocionalmente con una velocidad que me sigue avergonzando. Si alguien actuara de la manera que yo lo hice con M., huiría tan rápido como pudiera con tal de evitar ese desastre. No obstante, creo que es algo humano que hayan momentos (en especial cuando me lo encuentro en la Universidad y cada uno actúa como si nunca nos hubiéramos conocido) donde quisiera poder al menos decirle ‘hola’ sin que fuera extraño.

Por otro lado, me he estado alejando de una amiga. Luego de sentir que irrespetó mis necesidades, decidí que era tiempo de dejar de invertir mi aprecio y tiempo en ella. Esta decisión terminó siendo la correcta, cuando un par de días luego de que yo me saliera de todos los grupos de WhatsApp que compartíamos, un amigo me llamó borracho desde un pijin (fiesta, pa’ los extranjeros) en la casa de la susodicha donde ella claramente me dijo “ridícula” en el fondo porque le dejé de dirigir la palabra. Como si eso no fuera suficiente, la semana pasada nos vimos en la casa de una amiga y ninguna de las dos hizo el intento de hablarle a la otra. Y eso, al menos para mí, está bien.

Después de molestar con ello durante mucho tiempo, al fin llegué al punto en mi vida donde sigo mi propio consejo: cualquier tipo de amistad es un puente. Si las dos personas no ponen de su parte, nunca va a funcionar. Y yo, por lo menos, dejé de sostener ese puente desde la discusión. Un amigo me mencionaba que era un pesar porque éramos tan buenas amigas, pero lo cierto es que a veces es necesario dejar ir aquello que no traer consigo algo positivo. En mi caso, siento que esa amistad solo agregaba estrés (al tener que mantener secretos pertinentes a la relación que mantiene con un amigo) que no necesito en mi vida.

El punto de esta entrada es el siguiente: las relaciones humanas son difíciles de navegar y eso nunca me va a dejar de sorprender. Y doler.

Un momento de reflexión

El año pasado me di cuenta que mi familia me ha abusado emocionalmente. Hasta la fecha, no sé si es que siempre he estado consciente del hecho, que lo había estado reprimiendo, que juraba que era algo normal o que no le di la importancia que debería porque “hay gente a la que le ha ido peor”. Pero, el año pasado, luego de que alguien que ya no es relevante me preguntó cómo había sido mi infancia, me puse a indagar en mis recuerdos y fue como que oh, eso no debería haber sido así.

Me encantaría decir que desde entonces logré distanciarme de las personas que me hicieron daño, que asistí a terapia y ahora todo esto solo es un episodio más que quedó en el pasado, pero no es así, obviamente, porque la vida es más complicada que eso. En especial porque mi educación depende de una de las personas que más daño me sigue haciendo hasta la fecha, haciéndome caer en una ansiedad horrible cada vez que me amenaza con sacarme de la Universidad solo porque anda de mal humor y decide desquitarse conmigo. Y ese es un ejemplo reciente, por cierto. Ayer me salió con que si podía darme de baja inmediatamente de la U, pero recapacitó cuando le recordé que aunque lo hiciera le iban a cobrar el trimestre completo.

Es una mierda. Una total y tremenda mierda que se viene repitiendo desde hace ya casi un año, donde en otra ocasión mi abuela me amenazó de sacarme de la Universidad y estuve llorando y teniendo ataques de pánico durante casi dos horas. Estar consciente que esta señora tiene total y completo control de mi educación me hace sentir una impotencia terrible, porque no solo tengo que ser subordinada de ella y callarme en más de una ocasión cuando se pasa con sus comentarios, sino que no tengo otra opción viable por los momentos. La tasa de desempleo en este país me asegura que aunque saliera a buscar uno, las probabilidades de encontrarlo están en mi contra. La otra alternativa, regresar a mi antigua Universidad pública, implicaría empezar desde cero cuando ya llevo tres años en mi carrera principal (¿se me olvidó mencionar que adicioné Derecho el trimestre pasado?) y no me darían muchas equivalencias.

En fin, la razón principal por la que quería hablar de este tema es porque aunque mi resiliencia ha mejorado, todavía “batallo” un poquito con la situación. Escuchar la voz de mi abuela me hace sentir que estoy en peligro, me cuesta ser totalmente honesta sobre lo que pienso porque crecí en un ambiente donde nunca me sentí cómoda de compartir mis sueños y anhelos, prefiero mil veces encerrarme en mi cuarto todo el día a tener que relacionarme con mi familia en esos días que no voy a la U o tengo mini vacaciones, etc. Hoy ha sido un día difícil donde me tengo que recordar todas las razones por las que vale la pena seguir viva y no dejar que mi situación actual me impida estar consciente que hay muchas cosas y personas que valen la pena. Escribir, creer que hay menos durante el breve período de tiempo donde trato de expresar lo que pasa por mi mente en búsqueda de algo de paz que no termina de llegar, es una de ellas.

Blast from the past

Hace cinco años realicé este pequeño quiz en otro de mis blogs. Estoy aburrida y es la una de la mañana, así que voy a hacerlo para percatarme en qué he cambiado. Las respuestas en cursiva son las de hace cinco años y las que estén en negrita son las actuales. Let’s go!

Favourite:

1. Band:
too many. rn it probably is alabama shakes or the kooks.
The National, obvi.

2. Singer:
SUFJAN STEVENS 5EVAH.
Lorde tiene un lugar muy especial en mi corazón en estos instantes, aunque no voy a negar que sigo adorando a Suf.

3. Movie:
eh, idk. i watched teen witch on friday and it was gr8.
La trilogía ‘Before’ de Linklater.

4. Song:
futile devices, suf; young blood (slow version) the naked and the famous; apartment story, the national; etc.
A verrrrr: ‘Keep On’ de Kehlani; ‘Get It Together’ de Drake; ‘American Teen’ de Khalid; y por último pero no menos importante, ‘Ultralife’ de Oh Wonder.

5. Series:
arrested development.
Vi Lovesick a principios de año y sigo sin poder sacármela de la cabeza. Si no hay una tercera temporada, un amigo que envicié con ella y yo vamos a llorar. 

6. Tumblr:
fanmixes.
¡Ya no uso tumblr tanto como antes! 😦 Pero cuando entro, suelo revisar el de Arden Rose, Lucy Moon y una que otra poeta.

7. Person:
thomas müller, i guess.
Mis amigos más cercanosssss,

8. Place to travel:
the beach.
Con tal que el lugar sea artsy, no me quejo.

9. TV character:
daria.
Actualmente, Veronica Lodge de Riverdale o el Captain Holt de Brooklyn Nine-Nine son los que se me vienen a la mente.

HAVE YOU EVER

10. Had sex:
nope.
Sí.

11. Self-harmed:
several times.
Lo hice en el pasado, sí.

12. Kissed a stranger:
never.
LOL sí. 

13. Been drunk:
once?
Quiero aclarar que mi yo de hace cinco años nunca estuvo drunk, lol. Pero sí, cinco años después, sí lo he estado.

14. Smoked:
nah.
Qué asco, pero sí.

15. Had a crush on a teacher:
never.
Uffffffff, claro que sí.

16. Had a crush on someone twice your age:
celebrities, yes.
Mantengo lo de las celebridades.

17. Kissed someone of the same sex:
nope.
¡No todavía!

18. Kissed a celebrity:
a poster.
Nope, y no es algo que me llame la atención.

19. Wished you were on Top Model:
no ty.
A menos que sea como un guest judge, no gracias.

THIS OR THAT

20. Party night or movie night:
movie night.
Siento que tengo que explicar mis razones detrás de decir party night para que mi yo del pasado no me mate, jajaja. La cuestión es que nunca soy capaz de concentrarme en películas cuando estoy con amigos, así que mejor me voy por la opción que sé que voy a disfrutar más.

21. Tumblr or facebook:
none.
Facebook por los memes y chismes.

22. Sports or fashion:
both.
WHY NOT BOTH?

23. Black or white:
black.
Soy un desastre comiendo y existiendo en general, así que mejor negro.

24. Red or blue:
RED.
RED.

25. Milk or water:
water.
A menos que sea leche de almendras, agua.

RIGHT NOW, ARE YOU

26. Happy with your life:
kinda.
¿Creo que sí? O sea, tengo problemas como cualquier otro mortal, pero estos no me impiden disfrutar mi vida la mayor parte del tiempo.

27. Unhappy with your life:
a bit.
Nah.

28. Sad:
yes.
No.

29. Angry at someone:
fuck yes.
No, ahorita mismo no. Antier sí lo estuve, pero resolvimos el problema.

30. Bored:
obviously.
De no ser así, no estaría llenando esto de nuevo.

31. Tired:
yes.
No, ya que estoy de vacaciones.

32. Happy with your body:
not really?
No es algo de lo que me enorgullezca per se, pero no lo odio. Término medio.

33. Happy with your face:
meh.
OBVI QUE SÍ. Llevo demasiado sin sacarme las cejas, pero me veo bien de todas formas.

RANDOM

34. Hottest guy in the world?
idk.
Dev Patel está como quiere.

35. Hottest girl in the world?
MYSELF. lol jk, daisy lowe.
Yo le digo sí a todo a Emily Ratajkowski.

36. Favorite thing to drink?
margaritas.
Sin alcohol: jugo de maracuyá u horchata. Con alcohol: los shots de quetzalteca de tamarindo nunca fallan. 

37. Your life 10 years from now:
a SUCCESS.
Estable, por favor.

38. When did you lose your virginity?
i haven’t.
Agosto del año pasado. 

39. When did you drink for the first time?
when i was 12.
Como dije anteriormente, a los 12. Una amiga de mi mamá me dio un sorbo de su cerveza y me supo asquerosísima.

40. When did you smoke for the first time?
i haven’t, dudebro.
A los 19, en Semana Santa. Un amigo de mi ex mejor amiga me dio un jalón de su Dunhill.

41. Do you believe in God?
nope.
Eh, no realmente.

42. What country do you wanna visit?
sweden.
Alemania.

Pedacitos sin sentido

¡Sigo viva! ¡Mis ganas de escribir no lo están, pero yo sí! YAY!

 

i.

A pesar de ser el dicho más trillado y lo que uno menos quiere escuchar cuando le pasa algo malo: es cierto, el tiempo lo cura absolutamente todo. Lo juro. Cuando aquel maje (como me suelo referir muy afectuosamente sobre mi ex) me cortó de algo que ni debería haber sido cortado porque nunca fue nada en realidad, recuerdo que me metí en esta mentalidad de ‘no quiero volver a ser vulnerable con otro ser humano nunca más en mi vida’. Y vaya que eso no me duró mucho tiempo. Al mes, ya me estaba hablando con un chavo en mi clase de Estadística que es uno de esos casos especiales donde lo que empezó como un crush (de mi parte) terminó siendo una de las amistades que más valoro al día de hoy.

Y no solo eso, sino que ese mismo trimestre terminé conociendo a quien ahora considero una de mis amigas más cercanas.

ii.

Lo anterior no quiere decir que mi vida ha sido azúcar, flores y muchos colores todo el tiempo, obviamente. Por ejemplo, este trimestre (que está a punto de finalizar) adicioné Derecho como carrera simultánea porque soy 50% ganas de nunca salir de la Universidad y 50% amor por el Derecho, aparentemente. Lo malo, sin embargo, vino a raíz de la primera clase (que realmente iba a ser la número 20, ya que Relaciones Internacionales comparte muchas clases y me valieron 19) que iba a cursar: Lógica Jurídica.

Lo que inició como una bellísima historia de amor donde yo no solo amaba los temas y la manera de dar la cátedra del abogado, terminó siendo una tragedia donde perdí derecho a examen/la clase por llegar al límite de faltas (6, al ser una clase de lunes a miércoles) porque la clase era a las siete de la mañana y se me hacía imposible encontrar un taxi dispuesto a aventurarse a mi uni porque el tráfico suele ser terrible y estaban arreglando una calle en esos tiempos.

 

iii.

No les recomiendo comer space brownies en la semana laboral. Yo cometí ese error el lunes y no me jodan, casi me muero pero no realmente. Resulta que el sábado pasado, mis amiguitos más cercanos me armaron una pequeña fiesta para conmemorar que el domingo 12 cumplía 21 años (y que no podíamos hacer nada ese día porque: 1. domingo; 2. ley seca; 3. elecciones primarias) y además de regalarme un R2-D2 de peluche hermosísimo, un llavero de Darth Vader y un collar que nunca me quiero quitar (más sobre esto después, lo juro), mi “pastel” terminó siendo una bandeja entera de brownies bastantes cargados y mucha crema chantilly. Y como eran tantos, el día siguiente todos los presentes nos llevamos dos extra pa’ comer después. En fin, resulta que el lunes tuve la brillante idea de comerme uno. Pero, lo que yo no sabía, es que técnicamente me terminé comiendo 2 porque mi amiga que repartió los brownies me dio 3 por ser la cumpleañera, solo que unió dos de tal manera que parecían uno solo.

El problema, no obstante, vino hasta el día siguiente cuando me levanté para ir a clases y me di cuenta que todavía seguía algo tocada, a pesar de haberme comido el brownie el día anterior a las cuatro de la tarde. Hasta el día de hoy, no tengo idea alguna cómo pude sobrevivir mi clase de microeconomía en ese estado. Ese día estábamos trabajando desde nuestras computadoras en un informe final que debemos entregar la semana que viene, y me acuerdo que cada vez que apretaba una tecla o quedaba viendo la pizarra para seguir las instrucciones del licenciado, me sentía tan lejos de todo lo que estaba ocurriendo.

Y así, amiguitos, es como Mel se percató que estaba sintiendo la despersonalización por culpa de la marihuana. ¡Y esta me duró hasta el día de ayer! Fue horrible. 0/10, no recomiendo sentir que hay un desconecte entre tu mente y tu cuerpo o que realmente estás viendo ocurrir las cosas desde otro lado o que estás en las nubes o que todo no te está pasando.

 iv.

Por primera vez en toda mi vida, salí en San Valentín con un chavo. Un chavo de mi edad, alto, con ojos verdes, culé (que casi llora cuando el PSG pateó al Barcelona ese día) y a quien le veo chance de que se convierta en algo más que una cuestión casual (aunque todos nuestros amigos se ríen porque esto es lo menos casual del mundo). Y dejémoslo ahí, para no tentar al universo y dejar por una bendita vez en mi vida que las cosas fluyan.

 

v.

Este año no he estado escuchando tanta música o consumiendo mucha cultura pop en general. No sé por qué es así, pero no me quejo mucho. Aunque eso sí, me muero esperando que salga el nuevo álbum de Lorde.

 

this is not about us

Me es imposible tratar de escribir como quisiera al respecto, así que me voy a conformar a escribir en bullet points ciertas cosas que han pasado (o siguen) en mi mente y vamos a pretender que tienen algo de coherencia.

  • Me siento tan estúpida por haberle prestado mi copia de Rayuela, por morirme de ganas que entendiera por qué me gusta(ba) tanto Cortázar, por saber que si algún día termina de leerlo, me va a tocar explicar por qué preferiría que queme el libro a tenerlo de regreso en mis manos. Me siento tan tonta por haberle entregado un libro que tiene tanta historia: desde cómo una vez se me salió del taxi en el que iba porque la puerta estaba mala y me tocó irlo a recuperar entre el tráfico hasta el millón de apuntes y resaltes que le hice en los casi cuatro años que me tomó leerlo por completo.
  • Toda esta experiencia me ha hecho entender por qué ciertos (¡más vale que no son todos!) amigos dependen de mí como su psicóloga personal cuando les ocurre algo. Y es exactamente porque sé eso que no me siento mal al decir lo siguiente: mis amiguitos no tienen idea alguna de cómo reconfortar a alguien que la está pasando mal emocionalmente. Pero hacen el intento y no se quejan si les cuento por la millonésima vez que terminé llorando a la una de la mañana, así que les perdono todo.
  • Tengo un grupo de amigos excelente. Amigos que cuando les conté me preguntaron a quién tenían que golpear, que estaban aliviados porque al fin salí de esa “relación”, que me han dejado abrazarlos un montón de veces, que me han recordado que no fue mi culpa (aunque siga sin creerlo por completo), que ofrecieron chocolates y café y memes, que me escucharon por hora y medio por teléfono mientras repasaba todo lo que había pasado (y lloraba en más de una ocasión), que me dejaron quedarme en su casa ese mismo fin de semana y me ayudaron a distraerme, que me acompañan a comprar en la tiendita de la U porque quedé con miedo de volvérmelo a encontrar y temblar como chihuahua, que me han recordado que él no era monedita de oro, que me han demostrado que les importo mucho y que también están ahí en las malas.
  • Espero poder terminar de ver The Office algún día. Estaba tan cerca del final…
  • Me parece tan curioso cómo puedo pasar todo el día bien, hablar o ver cosas relacionadas a lo que solíamos platicar sin titubear y prácticamente seguir con mi vida como si nada, solo para caer a la una de la mañana porque algún detallito me recordó a él y vuelvo a sentirme mal.
  • Uno de mis pocos consuelos es que no usa tanto las redes sociales como yo. Aunque eso no me impide ver mi lista de contactos en WA por si ha cambiado su foto o estado, poner atención a mi following en Instagram por si le ha dado like a algún meme o fijarme cuando entro en Messenger que su última conexión fue hace 49 minutos. Es absurdo, no ayuda a mi situación actual, pero es algo que no puedo evitar. And it’s so fucking silly, since I know he’s probably not doing the same for me. I guess that’s what happens when you care way more for another person than they do about you; even when it’s over, you’re still silently rooting for them.
  • Lo peor es sentir que no puedo volver por completo a mi rutina de antes. No solo porque no soy la misma persona ni estoy en las mismas condiciones, sino porque ya no soy capaz de disfrutar las cosas. He dejado de escuchar tanta música como antes y trato de evitar la poesía lo más que puedo.
  • Dejémoslo hasta aquí por mientras. Es probable que vuelva a esta entrada, pero por los momentos es todo lo que tengo que decir sobre la situación.

La verdad detrás de todo

Siento que olvidé cómo escribir y es una sensación terrible, en especial porque una gran porción de mi vida se ha basado en procesar lo que siento mediante la escritura, sin importar lo mala que sea. Sin embargo, en lo que va del año, en un 90% del tiempo me he sentido incapaz de traspasar mis pensamientos a una entrada de blog o siquiera un tuit. Es como si mi cerebro está pasando por un bloqueo tremendo que, sin importar lo que trato, se niega a colaborar conmigo para buscar una solución a este problema.

El 2016 ha estado lleno de cambios y nuevas experiencias y personas que quisiera poder borrar de mi memoria por completo pero estoy consciente que ayudaron un poquito y lo que me hicieron (o nos hicimos, o nunca logramos, o imaginamos…) me va a servir de referencia en un futuro cuando quizá esté a punto de volver a cometer el mismo error. O al menos eso me digo en este mismo instante, porque de vez en cuando es necesario tenerse un poquito de fe sobre decisiones a futuro aunque el historial mental diga lo contrario.

En lo que va del año he llorado por personas que no lo merecen, he cuestionado amistades que en algún momento creí que durarían más, perdí mi virginidad y entré en conflicto porque no me hizo sentirme más cercana a la persona con la que tuve relaciones sexuales (y mi psiquiatra me tuvo que asegurar que eso estaba bien, que no soy un robot incapaz de formar vínculos emocionales reales), tuve una recaída de depresión y recurrí a la sertralina nuevamente antes de dejarla porque los efectos secundarios eran espantosos, saqué 100 en una clase de matemáticas, me frustré porque mis catedráticos no me exigen tanto como quisiera (y aunque llegue al límite de faltas permitidas puedo terminar sacando 96 de nota final), me di cuenta que alguien que creí que tenía el potencial de ser una buena amiga debía quedarse mejor como conocida, le brindé apoyo emocional a varios de mis amigos (y viceversa), bebí de más, fumé y dejé el vicio después de un rato, reí hasta llorar, hice un millón de listas y me sentí realizada al poder tacharlas, ETC ETC ETC.

El punto de eso es lo siguiente: este año he hecho más de lo que me esperaba, lo cual está bien, pero me aterra un poquito. Cuando era menor, solía creer que mis años se solían poner interesantes a partir de julio; que el inicio del año solo servía para cerrar ciclos o prepararme para lo que estaba por venir. El 2016 no me permitió seguir con esta creencia. El 2016 vino a cambiar el molde que solía seguir, las instrucciones que ya me sabía al revés y al derecho, esa pequeña rutina que me hacía sentirme segura, como si a pesar de no poder adivinar el futuro, al menos podía guiarme de la experiencia.

Y no se equivoquen, no me quejo de poder salir de mi zona de confort y lo que suelo esperar de la vida. Solo que de vez en cuando, más que todo en la madrugada cuando me da por reflexionar sobre mi vida, no puedo evitar sentir que esto le debe estar pasando a alguien más. No lo digo en el sentido de que he disociado (y créanme que he leído lo suficiente sobre el tema en los últimos meses como para hacer la diferenciación), sino que se siente extraño. Del tipo de cosas que no me deberían estar pasando a mí porque aunque nunca he tenido un plan bien establecido de cómo creo que va a terminar siendo mi vida, lo que ha pasado en este año es demasiado absurdo como para sentir o realmente creer que ha sido verdadero.

Le mencionaba a una muy buena amiga el otro día, cuando la estaba poniendo al tanto después de mucho tiempo sin hablar, que se siente como si mi vida fuera un fic. Las situaciones en las que he estado metida y los personajes que he conocido se me hacen demasiado parecidos a los que solía leer en la ficción. Desde salir con el sobrino del Presidente hasta terminar besándome con un desconocido por puro despecho; todo en lo que he estado metida se siente como una dimensión desconocida donde yo, el personaje principal, sigue tomando una serie de malas decisiones porque quiere ver hasta dónde puede llegar. Si nada de esto es real, ¿por qué no atreverme a hacer cosas que en un mundo racional nunca consideraría?

Así que por eso sigo con una persona que sé que no me complementa de la manera que necesito (y me hace dudar de mí misma el 99,9% del tiempo) aunque sé que esto va a terminar en llamas y un par de lágrimas (más) de mi parte. Dejo que las cosas (me) ocurran porque estoy convencida que esto –como sea que se pueda denominar– no es un error que pienso volver a hacer en un futuro. Quizá nunca voy a llegar a tener el tipo de relación que quiero, pero eso no significa que no debería sufrir o entretenerme un ratito con los intentos fallidos.

sigh

estoy en medio de otra de mis famosas crisis existenciales. en esta ocasión, el enemigo es sentir que soy un desperdicio que alguien se olvidó de desechar en la basura. un desperdicio de dinero que probablemente no va a lograr mucho en su vida, un desperdicio de potencial, un desperdicio que quisiera ser creativa pero no tiene cómo serlo ni una razón legítima para que alguien la tome en serio como un ser humano capaz de crear cosas que valga la pena observar o leer.

sigh.

pequeñas verdades

amo leer poesía aunque no siempre la entienda por completo. sé que soy buena en lo que estoy estudiando, aunque en ocasiones sienta que otras personas que ni estudian lo mío saben más y debería quedarme callada para aprender de ellos. nunca voy a dejar de creer que soy mala socializando, aunque estudios recientes demuestren que no soy tan incompetente en ello. saber que oficialmente puedo tachar de mi bucket list el inspirar o cambiarle la vida a alguien me aterra un poquito; es demasiada responsabilidad. aprendí que no está mal ir sacando a gente de mi vida si siento que no aportan algo y no me siento culpable cuando lo hago en tiempos actuales. no me veo ejerciendo la carrera de aquí en un par de años y me preocupa un poco. odio toda la rama de economía, pero entiendo por qué es necesaria. i love how blunt my friends and i can get at times. no sé por qué tuve la necesidad de escribir eso en inglés. no encuentro el sentido en que me hagan una playlist si no la puedo sobreanalizar porque le metieron todas sus canciones favoritas; desde jowell y randy hasta mercedes sosa no puedo descifrar qué significa. odio caer de vez en cuando en el cliché de no poder escribir a menos que esté muuuuuy triste o “filosofikona”.

Qué bien y qué mal

Mi relación con mi mamá es tan buena que no puedo evitar sentirme culpable cuando le miento u omito los detalles de mis salidas. Tengo 20 años y me siento como de 14 cuando cambio ciertos detalles de mis salidas con amigos para evitar meterme en problemas.

He aquí algunos ejemplos de ello:

  1. Todas las salidas con Javier. Mi mamá jura que siempre que salgo con Javi andamos su carro, cuando no es así. El año pasado, cuando me empezaba a llevar con él, recuerdo que en más de una ocasión nos fuimos en el bus de la U hasta cierto punto y de ahí en adelante nos íbamos a pie hasta llegar a nuestro destino.
  2. Café Paradiso. Sí, mami, Bismark y yo nos vamos en un taxi directo a Paradiso. Si por taxi directo te referís a un colectivo que me cobra Lps. 13 y me hace ahorrar los Lps. 87 restantes de los 100 que me das para irme segura. ¡Perdón!
  3. Hace dos semanas. Ella jura que nos quedamos en la casa de una señora después de Paradiso, comiendo y hablando hasta las 9:00 pm. En realidad, un par de amigos y yo nos fuimos de ahí alrededor de las 6:30 hacia uno de mis museos favoritos en la ciudad, donde bailamos un rato al ritmo del set de música electrónica mientras bebíamos vodka barato mezclado con jugo de naranja que compramos en el supermercado cercano y casi me hago un tatuaje temporal, pero una amiga me lo impidió porque andaba MUY mal. ¡Uy, si supiera que casi me caigo de tanto que bebí! Y claro, que Javi no me vino a dejar en carro (porque ni llegó al lugar aunque lo llamamos porque andaba tripeado), sino que entre otros dos amigos y yo pagamos un taxi para que nos fuera a dejar a todos porque andábamos FATAL.
  4. La casa de Larissa. ¿Cómo le explico que los papás de ella nunca están ahí cuando voy? ¿Cómo le explico que en la penúltima vez que fui bebí de más por culpa de un pendejo y casi me caigo bajando las escaleras de la terraza, después de haber hecho ángelitos de polvo en el piso y fumado? ¿Hay unn manual de cómo explicarle a tu mamá que tienen una gaveta llena de alcohol?
  5. Este sábado que viene. Ay, madre. Después del evento en Paradiso y la ida a la misma casa de la vez pasada, las mismas malas influencias de la ida al museo + Javi + Larissa y su prima nos vamos a beber y dizque filosofar y pasarla bien en algún lado de la ciudad. Y voy a volver a beber, fumar y hacer el ridículo de la forma que solo yo lo puedo hacer.

 

Y no te vas a enterar.

Cursilería de primera

Me gusta cuando sonreís y siento que estoy viendo directito al sol. Cuando tus manos buscan cualquier excusa para no separarse de mí; me tocás el pelo, contás mis lunares, me sostenés la mano como si tuvieras miedo que en cualquier momento me voy a disolver y todo esto solo fue producto de tu imaginación. Me gusta cuando bebemos de más y no podés dejar de abrazarme y susurrar “¿cómo es posible que encontré a alguien como vos? Tengo tanta suerte”. Me gustan nuestras pláticas sinsentido y los chistes que nadie más puede comprender. Las fotos ridículas y los pie de foto que hacen que nuestros amigos se burlen de nosotros, pero no nos importa. Me gusta que entendás que hay ciertas cosas sobre mí que nunca vas a cambiar y viceversa. Me gusta que comprendás que hay días donde me voy a tardar años respondiendo en WhatsApp y eso no significa nada, que hay días donde me tengo que dar un respiro de todo. Me gusta cuando hablás de lo que te apasiona, de tus planes a futuro, de cómo sentís que al fin estás en el camino indicado y no tan perdido como piensan tus papás. Pero también me gusta cuando aceptás tus errores, cuando te sentís mal porque no te fue tan bien como esperabas en ese examen para el que te mataste estudiando, cuando dejás salir tu lado más frágil, el más humano posible. Me gusta ese suéter mío que tiene impregnado tu olor y el libro que me prestaste con tus comentarios en los margines de las páginas. Me gusta cuando fruncís el ceño al concentrarte en algo y me gustas aún más cuando negás que haces esto y pretendés enojarte conmigo. Me gustan tus abrazos, esos en los que siento que somos un paréntesis importante en la amplia historia del mundo y los besos que plantás en mi coronilla siempre. Y sonrío, y no te das cuenta. Me encanta mancharte la mejilla, los labios, el cuello, tu camisa y tu vida completa con mis lipsticks y que sean evidencia que estuve ahí.

Pero más que cualquier otra cosa que podría llegar a describir, me gusta esto: nosotros. El potencial de eso que estamos construyendo; ese espacio que no le pertenece a nadie más que a vos y a mí.